Vuelo abierto
La mecánica natural del alma
hace que las pequeñas miserias
se conviertan en el riego natural del ojo.
Gota a gota trabaja la tristeza mientras el llanto
activa cada parte, cada minucia ordenada
en la memoria del dolor.
Entonces viene tu abrazo, tu súplica,
y el llanto avanza, transforma tu pérdida
en un sufrimiento líquido.
El ojo se cierra y la gota viene a colgarse de tu nariz.
Cae, y antes de estrellarse, forma en el aire un mundo
ausente de nosotros; un mundo transparente
que alcanza a brillar, a sacudirse como si estuviera vivo,
a reflejar dos rostros sorprendidos que no comprenden
cómo la naturaleza puede perder algo tan bello,
tan perfecto a la hora de reventar y que no los contenga
en cada astilla de agua que vuela cuando se abre.
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FENÓMENO NATURAL
En esta parte del mundo el viento entristece la luz.
Cada vez que sopla contra la casa, nada parece merecer
la más mínima contemplación.
Yo pensaba que una familia entera estaría abrazándose
ahora mismo bajo las cobijas, rogando por la clavadura
de las chapas contra el techo.
Ruedan botellas entre los yuyos y se desgaja la ropa colgada.
Un pollo escapa y resiste bajo el piletón de lavar.
Todo el aliento muerto de la miseria se ahoga contra esas
cuatro paredes.
Sin embargo, en apoyo oblicuo contra el viento,
la hija sale de la casa, se acurruca junto al pollo
y comienza a cantarle suave.
A pesar del temporal, ella cree que el amor es un fenómeno natural
que habita en lo más pequeño de la estepa.
Por eso abraza al animal y se convence de que la brutalidad del aire
es un mundo vacío que va muriéndose de a poco.
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POLVO MUDO
En el libro que te regalé van cuatro poemas
escritos
para vos.
Quienes lo leyeron no logran dar con las páginas
que
te nombran.
Piensan que los engañé, porque no escuchan
lo
que se oculta detrás del lenguaje.
Ponen los ojos en la lectura
equivocada
y se esfuerzan por aplicar
una gramática
inútil.
Creen que evocarte es recurrir a un lenguaje
común,
o repetir una escritura arrugada
por el manoseo de las
palabras.
Como aquella vez que nos abrazamos
ante al paso
de un cortejo fúnebre
y nuestros corazones se
estrellaron,
cruzándose entre sí para que sepamos
cuánto
duele estar del lado del otro.
Es difícil creer en la palabra
de un poeta,
porque sus libros están lejos de ir más allá
de
lo que dice.
Quién sabe, a lo mejor un próximo abrazo
haría
de nosotros ese polvo mudo
que flota en la luz cuando
el
poema se apaga.
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Mundo terrible la geometría.
Todo lo que resta es un círculo,
una línea
volviendo a su origen.
Una figura creada para sabernos
sobre un espacio seguro.
Todos contemplamos la
redondez
de esa línea, pero festejamos el vacío,
no la
línea.
Así nosotros: un punto sobre otro.
Imprudente
ciencia, dicen, y alguien
olvida la luz; ama la sombra que
borra.
Entonces la geometría estalla.
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Ricardo Costa nació el 2 de diciembre de 1958 en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina, y reside en la ciudad de Neuquén, capital de la provincia homónima. Cursó la carrera de Letras en la Universidad Nacional del Comahue. Fue Director del Instituto de Formación Docente Nº 9, “Paulo Freire”, de la ciudad de Centenario, Neuquén, en el lapso 2001-2013. Entre otros reconocimientos, obtuvo el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes 1998, el Primer Premio II Concurso Nacional de Poesía “Javier Adúriz” 2012, el Premio Internacional de Poesía “Macedonio Palomino” para obra publicada por su “Mundo crudo: Patagonia satori”, en México, 2008. Fue incluido, por ejemplo, en las antologías “Poesía neuquina de los 90” (1996), “Poetas 2” (1999), “Abrazo austral. Poesía del sur de Argentina y Chile” (2000), “InSURgentes” (2005), “Poesía en tierra” (2005), “Antología de poesía de la Patagonia” (Málaga, España, 2006), “Poesía de pensamiento” (Madrid, España, 2015). En 2007 editó el ensayo “Un referente fundacional”, y en 2011 la novela “Fauna terca”, ambos libros a través del sello El Suri Porfiado. Publicó los poemarios “Casa mordaza” (1990), “Homo dixit” (1993), “Teatro teorema” (1996), “Danza curva” (1999), “Veda negra” (2001; Tercer Premio Concurso Iberoamericano de Poesía Neruda, en Temuco, Chile, 2000), “Mundo crudo: Patagonia satori” (2005) y “Fenómeno natural” (2012). Por último, y con prólogo de Sergio De Matteo, aparece “Crónica menor (antología mezquina)” en 2015.
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