a lo Jordan
cuando llegué a casa mamá había quemado mi traje de che guevara entonces grité y
lloré y maldije porque tenía unos andróginos catorce años que me volvían heroica en mi
berrinche como en los domingos cuando venía el tío militar a comer a casa y mamá otra
vez me miraba fuerte o me tocaba la pierna por debajo de la mesa para que no le discuta
porque el tío tenía la dentadura de un jaguar y un arma debajo del saco con el que había
llegado de la misa con su hermosa familia entonces fue mucho después que me di
cuenta que mamá todo lo que quería era salvarme cuando los nombres de mis
compañeros algo mayores que yo que habían partido a la capital para estudiar se
empezaron a nombrar en voz baja en las esquinas
seguramente ya no saldrían de los pozos de los campos de concentración de ese mar
tan vasto
que dejó de ser el de las postales en vacacionesel tío el arma la iglesia los pozos los aviones las voces tan inaudibles que gritaban los
nombres que ahora están mudos en los carteles que designan las calles del barrio de los
maestros a todos los de las calles los conocí y todos eran brillantes y tersos valerosos
mucho más que yo que he sobrevivido con esfuerzo y desde entonces he cavado en
distintos lugares del patio de la infancia y no he encontrado los restos del che salvo en
todas partes en infinitos rincones de américa lo encontré muy vivo al eterno
ahora con mis sesenta años que soy testigo de los embates a madres de plaza de mayo y
de las guerras que el imperio que no cayó y resucita y sigue quemando nunca dando el
último coletazo como profetizábamos casi niños
ahora es el tiempo en que vemos que no alcanzó para que la gente vuelva a votar a los
verdugos empoderados lujuriosos destruyendo todos nuestros derechos por televisión
los más mínimos los más antiguos los que nos pertenecían para siempre de acá en más
por qué vuelven los más atroces ejércitos en vez de creer que lo peor ya había
acontecido ahora que el agua no se puede beber y la tierra y el aire están fétidos de mil
venenos y todas esas descarnadas acciones acá o allí o lejos nos vuelvan a matar de mil
maneras que no llegamos a imaginar cuando jóvenes y bellos hacíamos picnis trabajos
en los barrios con teatritos reuniones revolucionarias con los ojos tapados y nos
bañábamos en el río creyendo que otro mundo podría amanecernos
todo se deshace vuelve hacia atrás a la oscuridad más jadeante a la de sentirnos
pequeños animales que podrían ser cazados una y mil veces porque la memoria es una
tela finita y transparente ajada desecha pútrida bajo tierra como mi traje del che
alimentando una mata de flores silvestres que mueve el viento
una y otra vez
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caída o pozo del cuerpo sin borde
insensatez del monte
la savia ruge la música perdida del agua oscura
un cruento rozarse disemina esquejes insectos sonoros
de la noche ultraje o dominio es flor carnívora amor seco
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ave roja escaldada devora mis ojos entonces
empiezo a querer entrar
un patio y el otro y salgo a campo traviesa
donde los árboles
hacen música de cristal tan leve
hierba finísima me acaricia las rodillas de niña hechizada
tengo que poder cerrar esa puerta cuando atardece
adonde soy la mariposa negra continuamente continuamente
y luego oruga y después nada
el saco roto de la memoria el hada perdida
siempre pensé que las fiestas del estío serían salvajes
que los perros me lamerían allá
que me crecerían gladiolos por la boca sino podaba
que la noche se abriría madre sexual de toda cicatriz de leche negra
y yo desnuda sobre la loza de un epitafio pleno de chistes
la vida de los frutos hilarantes
y la gran madre de todos los sexos a mandíbula batiente
demasiada pulpa verde renaciendo
antojadiza de ángeles quebrados
andrajos de lobo y vellos de Satán
ahí es donde recuerdo que yo era de volar
y no tenía alas apenas solía ponerme en puntas de pie y ya partía
espléndida
hacia un río de noche un tugurio de flores encriptadas
yo mariposa raída en el solsticio sagrado
coleccionaba nácares coleccionaba néctares
me posaba tramaba
el camino de la cópula estaba oculto entre árboles mordidos por murciélagos
apuestos como príncipes ajados
ahora lo célebre cae por su propio peso en estadios vacíos y el suelo está cubierto de
diademas rancias bellezas extremas
ceno rubíes mi estanque empieza a sangrar
después mastico amapolas entre vacas que me miran nacer una y otra vez
así son los domingos en la chacra que ya no está
los retratos se tuercen nadie practica pastelería
la familia se apaga lánguida cándida
raspo el fondo de la madrugada en los gallos abiertos
de la casa queda una pared y un ramo de albahaca tiesa
con una pared alcanza para templar y destemplar
es la hora de los caballos que arrasan
me conducen a la morada del diablo
su sombra es autónoma y dulce
se toca el ala del sombrero con un gesto invisible
pronuncia mi nombre al revés
allí me caso para siempre
(a Marosa)
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vivo a media cuadra de sus cuerpos muriéndose esta noche
estaciono el auto y miro la ventana iluminada
allí están los padres que quedan
sin embargo me esperan con comida
peleo con él que siempre sabe
trato de escucharla a ella que sonríe fijamente
como víctima quiero morir ahora
él se atraganta y ella se incorpora con tanta dificultad como si naciera otra vez
prefiero ser perdonada antes de que suceda me repito
mientras bajo por el ascensor después de cerrar la puerta con doble llave
a la calle donde la orfandad es interminable
Maite Aranzábal se dedicó al teatro (directora, actriz y dramaturga)pero también escribe a veces algo de poesía y narrativa, desde niña. Publicó libros de poemas "Leonardo o el vientre del agua", "Dormir Vestida", "El viento va a querer más", "Los árboles", y la novela breve "El Librito de Nácar". Vive en Fiske Menuco, Río Negro.
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