viernes, 5 de septiembre de 2025

Poesía Cristian Aliaga

 

 

El poema de la muerte
 
 

Y si viene la muerte 
la divertiré

y si escribe un poema 
para darme lo que buscaba 
antes del fin 
diré que he perdido

la memoria 
y el interés

y la divertiré.

Y luego 
copiaré el poema 
de la muerte.
 
 
 
 
*o*
 
 

Aguaceros

 

Escribir lluvia de una manera tal que nadie dude de las gotas que caen sobre su corazón. Lluvia, como un trazo japonés o el gesto ínfimo de quien sabe amar o suicidarse sin maltratar su estética. Esta mujer quiere sentir el agua que no cae, no caerá jamás, sobre el desierto de Atacama. Sentada bajo un toldo de bolsas blancas, ella interrumpe la ruta interminable que atraviesa este largo desierto. Habla de la lluvia que ha de llegar, rodeada de quesos amarillos y un cabrito que ha matado por la mañana. El sol quiebra cualquier cabeza salvo la suya. Tiene un repertorio de lloviznas, de tenues gotas sobre las paredes de nylon, de invisibles cortinas de agua, de temporales arrachados de otra época, de vapores que se elevan desde la tierra seca. Esta mujer no miente, ni sueña: lleva aguaceros en la cabeza.

(Salar de Atacama, Chile).

 
 
*o*
 
 
 

La lengua, ésa

Chillen, putas.
Octavio Paz

Dónde queda tu lengua, la impura aquella,
nunca críptica ni presuntuosa, la amada
en ropas mayores, desvestida, la usada
cuando no queda otra.
La lengua ésa, nada de espíritu, Spinoza nada,
mudas son las de afirmar, la picazón,
dónde tu lengua abyecta nunca Pura, la tuya rasposa,
sólo pronuncia en caída, hacia arriba, en barrancos
de cadáver, de impotencia, ciega.
La Puta grande enmudecida de horror vacui.
Nunca perentoria, no, Pura nunca, sin pretexto
para ser hablada, amada del silencio amado,
obtenido tras escupir tanto, lengua mudísima
embarazada de un ángel impuro.

 

 

*o*

 

 ARTE, POÉTICA

 

Un poeta -un lobo sin cartel-
no muestra sus cartas, no baraja
de nuevo, no escancia vinos
que no es capaz de beber.
Es un animal procaz
que no ve detrás de las ventanas
sino más allá de las rejas,
un espectro sordo
que no domina su carga de ilusión
y se entrega a ella hasta ser destruido.
Un poeta -un punto azul sobre la mesa-
no mira para ver
sino para abrir los ojos.

 

 

 

 *o*

 

 

Cristian Aliaga nació en Darragueira (Provincia de Buenos Aires), aunque se crio en la Patagonia. Tras recibirse de Licenciado en Comunicación Social por la Universidad del Comahue (General Roca, Río Negro) se instaló en Comodoro Rivadavia (Chubut), donde comenzó trabajando en el diario El Patagónico.
 
Luego de dirigir el gabinete de Prensa de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (donde se desempeñó como docente desde 1987 hasta el final de sus días), volvió a El Patagónico, esta vez a cargo de la redacción. También tuvo una labor en radio, a cargo de programa como La vuelta al día y El Banquito.

Posteriormente se trasladó a otra localidad de la familia en que residía, Lago Puelo, para interesarse por temas de los «pueblos originarios», como mostró en artículos para el medio El Extremo Sur.
 
Publicó numerosos libros de poesía, pero también relatos de viajes y ensayos. Entre sus títulos destacan: La sombra de todo, Música desconocida para viajes, La caída hacia arriba, La pasión extranjera y el más reciente: La nostalgia del futuro (2023).

En su rol de editor, dirigía Ediciones Espacio Hudson, que publica libros de pensamiento crítico, ensayo, poesía y narrativa.

Falleció el 16 de abril de 2024 en Buenos Aires, adonde había sido trasladado por complicaciones de una neumonía.

 

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